Espejos de Aztlán
11:04 pm
Sun February 2, 2014

ESTEVAN ARELLANO: "El agua es como la sangre que corre en el cuerpo"

Credit www.nmcf.org / New Mexico Community Foundation

Mon. 3 Feb. 7 pm: Join us for a conversation with Juan Estevan Arellano, sitting close to his centennial iron estufa, discussing acequias, importance of water in New Mexican settlement, and New Mexico's legacy.

As an advocate for the movimiento en defensa del agua, he says: "el agua es como la sangre que corre en el cuerpo" (The water is like the blood that runs through our body). Journalist, writer, researcher, mayordomo and advocate of traditional agriculture and acequias, Mr. Arellano  was recognized by the New Mexico Acequia Association for his literary contributions and advocacy for water rights. And in December 2013, he was recognized with the New Mexico Community Foundation (NMCF) Luminaria Award for his many contributions to New Mexico.  ___________________________________________________________________

Copyright © 2014 Cristina Baccin. For personal, noncommercial use only. For other uses, prior permission required.

TRANSCRIPCIÓN/TRANSCRIPTION : Cristina Baccin (se respetaron los giros lingüísticos propios del entrevistado)

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He is a journalist, writer, researcher, mayordomo and advocate of traditional agriculture and acequias.He was recognized by the New Mexico Acequia Association for his literary contributions and advocacy for water rights.

Last December, he was recognized with the New Mexico Community Foundation as  Luminaria Award for his many contributions to New Mexico. 

Join us for a conversation with Juan Estevan Arellano, sitting close to his centennial iron estufa, in Embudo, discussing acequias, importance of water in New Mexican settlement, and New Mexico's legacy. My name is CRISTINA BACCIN

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Estevan Arellano (EA): El agua es como la sangre que corre en el cuerpo. Tienes las venas, tienes los capilaris, y así va caminando la sangre por todo el cuerpo y así  camina el agua también en la tierra. Es la misma cosa que va caminando la sangre en el cuerpo. Así camina el agua en la tierra. Tienes que tener tus terrenos limpios pa´que mueva el agua. Si no, no se mueve el agua tampoco.

(Música: “El hombre y el agua”, Joan Manuel Serrat)

Cristina Baccin (CB):¿Qué fue lo que lo motivó a usted para comprometerse de modo tan profundo en el tema de las acequias y de la agricultura tradicional?

EA: Pues todo era de lo que salió de lo que estábamos haciendo en La Academia [de La Nueva Raza]. Porque Tomás [Atencio] como en el ´64 se dio cuenta que las acequias eran muy importantes pero lo estaban abandonando. Entre más salía a trabajar ajuera de las comunidades  encontraban ayuda del gobierno. A veces cuando le daba el gobierno ayuda a la gente, pa´que calificaras para el Welfare, tenías que vender tu tierra. Salían la gente pior, porque vendían su tierra y luego se quedaban sin tierra. Y las ayudas éstas del gobierno no se sabe si...

CB: Como dice el dicho : ¿“sin el pan y sin la torta”?

EA: Sí, así más o menos. Entonces, lo que estábamos queriendo era que la gente se diera cuenta el valor que tiene el agua, la tierra y qué mejor juera que mantener ellos lo que tienen en lugar de abandonarlo nomás para agarrar un chequecito mensual. Ha traído tantos problemas con las drogas aquí también. Porque la plebe, los quitaron de ´onde estaban ellos impuestos a vivir y a trabajar. Y los sacaron de ahí, los dejaron como en el limbo, los dejaron en el medio, ni p´acá ni p´allá.

So, que lo más fácil era la droga, porque donde quieras había droga. Aquí había mucha droga en la comunidad ésta de Dixon, en los ´76 donde [---] la heroína aquí. Porque era un hombre que vivía aquí que la empezó a vender en lo que llamaban “La Clínica”, porque ahí llegaba plebe de donde quiera a comprar la heroína y cocaína y ¡de todo lo que tenían en “La Clínica”, ahí! Y luego, al fin, lo torcieron y lo echaron afuera del estado. Ya ahora ya murió, ya varios años que murió el señor éste. Pero de aquí se mudó pa´Chimayó. En Chimayó tienen más problemas con las drogas que lo que tenemos aquí. Aunque  en todo el norte está el problema de la droga, no? Yo no digo que no. Todo el Valle, aquí, de Española. Yo creo que hay más sobredosis que en ninguna parte de los Estados Unidos, pa´la populación que tiene aquí el Condado y todo.

CB: Su lucha por mantener el sistema de las acequias y su constante militancia por volver o mantener la agricultura tradicional, ¿están relacionadas a  mantener los vínculos comunitarios? ¿Cuál es el corazón de esa lucha?

EA: Yo creo que el corazón de esa lucha viene siendo el de mantener lo poco que nos queda ya. Que ya no queda mucho, ya de lo que eran las mercedes, se han perdido todas. Muy poquitas mercedes están, que nos las ha llevado el gobierno. Aquí en Embudo tenemos las mercedes de Embudo que eran de 25.000 acres. Ya se perdió todo lo que era tierra común.

CB: ¿Qué son las mercedes?

EA: Las mercedes eran lo que le daba la Corona de España a los pobladores que llegaron aquí para poblar los lugares más aislados, como aquí en Embudo… Bueno, aquí en todo el norte de Nuevo Méjico. Aquí no había nomás que los pueblos de los indígenas. So, fueron mudando la gente p´acá y le daban cierto tanto de terreno que tenían tierras que podían regar por las acequias. Y luego tenían las tierras comunes. Pero acá, lo que eran tierras comunes, se perdieron todo porque las tierras de la acequia p´abajo del río, eran privadas. So, eso no se perdió. Pero lo que eran de arriba, de las acequias p´arriba, se perdió porque eso no le pertenecía a ningún individuo. Era de la comunidad.

CB: ¿A quién pertenecen ahora esas tierras?

EA: Ahora pertenecen al gobierno federal, al Bureau of Land Management (BLM) o el Forest Service. Ellos se quedaron con todas las tierras que eran de las mercedes.

CB: Toda esta red comunitaria que se entrelaza a través del agua, ¿cómo surge? ¿cuál es la historia? ¿Y cuál es el legado cultural que todavía Nuevo Méjico tiene a través del sistema de acequias?

EA: Las acequias es un… Vinieron a través de los primeros pobladores pero sí también los indígenas regaban pero no tenían un complejo como vienen siendo las acequias. Las acequias parece que nacieron como en el Medio Oriente. Y la palabra “acequia” yo creo que vino de Yemen o posible, de Etiopía. De esos lugares surgió la palabra, como la palabra “adobe” también; y siguió todo por la península de Arabia, y luego por todo el norte de Africa, por Moroco a España. Y de ahí, por las Islas Canarias llegaron a Yucatán, a Méjico y de ahí se vinieron al norte, que llegó aquí con Juan de Oñate en el 1598. Fue cuando llegó Oñate aquí, a lo que hoy en día, le llaman Ohkay Owingeh, que un tiempo se llamó San Juan de los Caballeros. So, desde ahí empezaron las acequias aquí en Nuevo Méjico. La primera acequia, la más antigua, está ahí en la propiedad de lo que era el pueblo de Ohkay Owingeh, en la comunidad de Chamita. Porque no podías hacer nada si no tenías agua. Y viviendo en un desierto, la primer orden de negocios que hacía los pobladores era escarbar para sacar una acequia pa´poder llevar el agua pa´poder sembrar, pa´poder hacer adobe pa´levantar las casas, pa´ la iglesia o lo que ocuparon porque sin agua no se podía hacer nada. Y mucha gente dice: “¡No! La primera cosa que levantaron los pobladores aquí fueron las iglesias”. ¡No pueden haber levantado la iglesia y no haber tenido agua! El agua es lo más importante. Y luego, después, iglesias y las casas, y todo lo demás.

Todas las comunidades tienen sus acequias. Aquí en la merced del Embudo tenemos diez acequias que salen del río Embudo y luego, otra del Río Grande p´al otro lao del… Pero la mayoría son aquí, del río Embudo; el río éste nace en la sierra que le llamamos “La Jicarita”. Y de allá, vienen regando la gente más arriba, lo que es el Peñasco, Trampas; otros lugares también vienen regando con acequias y luego va cayendo el agua al río y hasta que llega aquí, donde vivo yo. Aquí donde vivo yo, ora le llaman Embudo, pero antes el nombre que tenía de la gente era “La Junta de Los Ríos”. La acequia que tenemos aquí se llama Junta y Ciénega. Pa´l otro lao, ´tá una ciénega que le llaman Ciénega. Por eso, le pusieron a la acequia,  Junta y Ciénega. El Embudo original viene siendo lo que hoy en día le llaman Dixon, la plaza de El Embudo de Nuestro Señor San Antonio. Ésa se formó en 1725 por tres pobladores: Francisco Martín, Juan Márquez y Lázaro Córdoba. Yo soy descendiente de Francisco Martín. Y los Martín Serrano fueron de las primeras familias que vinieron aquí con Juan de Oñate. Y ellos se quedaron aquí siempre, quedó la familia. Por eso es que hay tantos Martínez aquí en el norte de Nuevo Méjico. Todos son Martínez. Si no son ellos, si indagas poquito, su abuela, su bisabuela, o abuelo o bisabuelo, alguien es Martínez y es por la familia ésta: Martín Serrano.

CB: ¿Cómo se organizaban en esa época? Porque era una junta… ¿era una forma de asociarse  igualitaria? ¿era una cooperativa? ¿Y cómo es hoy día?

EA: Las acequias eran una cooperativa porque todos los parciantes… El parciante es el dueño de la propiedad que tiene agua. Y parciante viene del concepto de parcela, de una parcela de tierra. So, los parciantes son los dueños de las acequias. Le pertenece a toda la comunidad, no le pertenece a una persona o a dos personas pero es de todos y todos pagan la cuota en las acequias dependiendo cuánta tierra tienen. El que tiene más tierra, le cuesta más que el que tiene menos tierra. Si tiene uno nomás un acre, pues va a pagar más poquito y si tiene diez acres, va a pagar más. El modo en que se divide aquí es por lo que llamamos “peones”. Un peón es un día de trabajo por una persona. Y los terrenos más grandes tienen, aquí en la acequia, tienen dos peones y medio. Los más pequeños tienen un cuarto de peón. Es lo más poquito que puede tener una persona: un cuarto de peón. De modo que pagas a conforme los peones que tiene. Yo tengo tres cuartos de peón.

[música, “Como agua de acequia” de Lorena Astudillo]

CB: “El agua es la fuente vida. Water is life” -como se dice comúnmente-, y a su vez, parece ser la vida de la comunidad, ¿cómo ve este sistema? ¿Sobrevive? ¿Sobrevivirá este sistema cooperativo de uso del agua en un  sistema profundamente capitalista como el de Estados Unidos?

EA: Eso es lo que estamos luchando ahora porque no sé si… Yo a veces me pongo muy pesimista y no va a durar las acequias, al orear este siglo porque ya no hay gente casi que están interesados en las acequias. Y la mayoría que quedamos en la acequias somos gente más mayor. La gente joven nomás se graduan de la escuela y se van a trabajar pa´ otros lugares. Se van pa´ Los Angeles, p´Albuquerque, pa´ Denver, pa´ las ciudades grandes y abandonan el lugar aquí. Y eso es lo que ha traído mucho gringo de por fuera, que están viniendo y comprando las tierras aquí. Pero desgraciadamente, los que están comprando las tierras aquí ¡son también ancianos ellos!

CB: En alguna de sus entrevistas que pude revisar y estudiar, vi que uno de los temas que le preocupa es el tema de las semillas; y al principio de nuestra conversación comentaba cómo, hace nomás de treinta años, la gente intercambiaba semillas. ¿Cuál es el valor de eso hoy día?

EA: Pues sin semillas no hay vida. Lo más importante que tenemos aquí es las semillas y el agua; y la tierra también pero si no tenemos semillas… El sábado tuve una junta con unos amigos que estamos queriendo preservar las semillas del chile nativo. Y estábamos hablando que hoy en día no tenemos bastante semilla si queríamos sembrar chile. Porque todos tienen un poquito de semilla, otro poquito... Todo lo que estamos sembrando. Pero si alguien dijera: “Bueno, yo quisiera sembrar 50 acres de chile”, no encontramos la semilla, la semilla de aquí. Puedes comprar un paquetito que venden ahí en las tiendas, capaz que 20 o 30 semillas por tres dólares. Pero si vas a sembrar lo que ocupa 20 o 30 libras, figúrate cuánto te costara pagar eso, por tan poquita semilla. Entonces, tenemos que preservar las semillas antiguas que ya están aclimadas aquí, al norte de Nuevo Méjico. Porque traemos semillas de chile de Las Cruces, o de Méjico. Aquí tenemos una temporada muy corta para crecer, de modo que no se va a madurar la fruta o las verduras, el chile. Y si sembramos el chile que viene de Méjico se quedará verde pero no se va a madurar. Y si no se madura, no podemos guardar las semillas. Y por eso es tan importante; estamos queriendo salvar la semilla del chile y el maíz. El maíz que llamamos el “maíz concho”, que es el de que se hacen los chicos; lo seca uno cuando está tiernito; cuando está chilote lo arranca uno y lo cuece en un horno. Luego, lo saca uno y lo pone a que seque y luego, lo desgrana. Lo pone a cocinar solo o con frijoles o como lo quiera. Pero no hay tampoco las semillas. Antes la gente tenía semillas de verduras. Y ahora no hay. Ahora todos los años hay que comprar. Y lo que estamos haciendo, cuando hacemos eso, es soportando corporaciones como Monsanto. ¡Y para qué la vamos a soportar cuando nos están queriendo fregarnos nuestras semillas! So, tenemos que estar siempre vigilando a ver qué está pasando. Porque las universidades, como aquí la New Mexico State University, ellos tienen un Instituto de Chile y desarrollan mucho chile pero lo están desarrollando para los rancheros grandes del sur de Nuevo Méjico, no para los rancheros medianos de aquí del norte de Nuevo Méjico. Y el chile de aquí es mucho más sabroso que el chile que cosechan allá en el sur. Porque ellos quieren desarrollar un chile que lo puedan cultivar con máquina, ¡que yo no sé cómo! Porque conociendo, las matas de chile son muy delicadas. ¿Cómo le entran con las máquinas de arrancar el chile y si van a saber a cuál es el chile que está macizo o no?

De modo que es la pelea que tenemos aquí, la lucha por la semilla y la tierra y todo está amarrado a la sabiduría tradicional que tenemos. Tenemos toda esta sabiduría tradicional tocante al ambiente, a todo. Y la sabiduría tradicional de nosotros tocante al ambiente está en la lengua, que es una mezcla del español, del árabe y del indio. Porque aquí usamos muchas palabras que vienen de Mesoamérica: nosotros no decimos “lodo”, decimos “zoquete”; o “tecolote” en lugar de “lechuza”; “cuates” en lugar de “gemelos”. Todas palabras que vinieron del náhuatl. Y luego,  muchas de las palabras referentes al agua vinieron de los árabes: “acequia”, por ejemplo, “aljibe”, “cisternas”; casi todas son de los árabes. Porque los españoles originales eran europeos. Ellos no sabían cómo cultivar la tierra tampoco hasta que no llegaron los moros que no les enseñaron de las acequias y empezaron ellos a… Y trujeron semillas diferentes que traiban del norte de Africa, de Asia: de allí vinieron las sandías, los melones, las berenjenas, las almendras, naranjas, bananas; todas éstas vinieron de esas partes del mundo. So, hemos sido parte como de una revolución agrícola dos veces: la primera en el 711 cuando llegaron los árabes y luego en el 1492 cuando llegó Colón de aquel lao que trujo lo que crecían en Europa; y luego de aquí p´aquel lao. So, viceversa. Entonces se mezclaron. Y ahora, no sabe la gente de dónde viene una fruta o una verdura. Todos piensan que son de ahí, de ´onde nacen ellos.

CB: Sr. Arellano, le quiero agradecer el tiempo que nos está brindando y como última pregunta quería saber: ¿qué representa para usted el haber sido premiado con una de las Luminarias 2013 por la New Mexico Community Foundation?

EA: Pa´mí jue una sorpresa que me llamaran que me iban a dar un premio de la Luminaria. Yo ni sabía ni de qué se trataba. Sé lo que es una “luminaria”, que es diferente en el norte a lo que es en Albuquerque. En Albuquerque, a lo que son farolitos les llaman luminarias. Una luminaria es lo que en inglés le llamamos un “bonfire”. Eso es lo que [inaudible] una luminaria, que ilumina mucho. So, pa´mí jue un gran honor ser reconocido por el trabajo aquí en la comunidad, porque muchas veces el trabajo que hace uno en la comunidad, nadie lo reconoce. Porque no es trabajo que la gente o el público en general lo miran como importante. Lo miran nomás: ¡¿qué es qué…el trabajo con las acequias, o trabajar la tierra, o guardar semillas… pudieran estar haciendo otras cosas, en lugar de estar haciendo eso?!

Cuando vine p´atrás de la escuela, la New Mexico State University, en Las Cruces y empezamos el grupo de la Academia de la Nueva Raza y la gente de aquí, se burlaban y se reían de nosotros y decían: “No, éstos jueron al colegio y se educaron tanto y la educación que tienen y ¡mira pa´qué! P´andar recogiendo historitas de los viejitos; ¿de qué les sirven las historias de los viejitos?”. Pues lo que nos dimos cuenta es  que tenían la sabiduría nuestra de nuestra gente; y es muy importante preservarla o continuarla, no nomás preservarla como en un museo; pero darle güelta y seguirla usando, que se vaya seguir usando como modo de educar a la gente, educar a la juventud.

Como el libro que hicimos también pa´los jóvenes entre yo y el Profesor Enrique Lamadrid, el de “Juan del Oso”. Ése es también otra forma de usar un cuento folklórico y le dimos otra vuelta como decía Tomás [Atencio] en el concepto de La Academia [de la Nueva Raza], “thought and action”: primero lo piensa uno y luego lo piensa y va como un espiral p´arriba. Así con el libro éste: usamos el cuento de “Juan del Oso” para compartir la historia de las acequias del Valle de Mora, y ahí metimos la historia de los primeros pobladores allá. Porque la gente mesma no conoce su historia, la gente de aquí. Y es una tristeza de no saber de dónde vinimos, ¿no? Es como que nos trujo la cigüeña y nomás nos tiró aquí, nomás de repente. Pero aquí tenemos una historia muy larga, de muchos años. La mayoría de nosotros tenemos sangre indígena; mi bisabuela era una apache y otra de mis abuelas era del pueblo de Picurí. Aquí todos tienen sangre indígena. Mi esposa, su bisabuela era de los navajo, de los que vinieron en Long Walk, que la abandonaron aquí, de niña. Y ella se quedó aquí, y se crió aquí entre la gente. Y luego se casó. Entonces, tenemos esta historia que la escuela no nos dicen. Tenemos nosotros que buscar el oro del pueblo, escarbar y ver adónde está nuestra historia y ponerla p´atrás y poder dejársela a nuestros hijos y nuestros nietos y bisnietos y a la gente que viene. Porque, desgraciadamente, mucha de la gente que viene de por juera les encanta más la historia de aquí, que los de aquí mismo que nacieron aquí; no tienen interés en la historia. Entonces es una lucha que ha sido de 40 años y más, de tratar de traer esta información al público. Y eso fue lo que representa para mí el premio de la Luminaria: ¡de que todavía estamos queriendo iluminar el camino adelante! [risas]

CB: Y usted sigue luchando por eso.

EA: Todavía, yo creo, mientras que pueda, hasta que me muera o como dice la plebe: ¡“hasta que cuelgue los tenis”! [risas]

CB: Gracias Señor Arellano por brindar su tiempo a ESPEJOS DE AZTLÁN.

EA: De nada, con mucho gusto

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CB: You were listening to ESPEJOS DE AZTLÁN. Today, we interviewed writer, advocate for water rights, traditional agriculture, and acequias ESTEVAN ARELLANO, recognized by the NEW MEXICO COMMUNITY FOUNDATION  with the 2013 Luminaria Award. My name is Cristina Baccin

TRANSCRIPCIÓN/TRANSCRIPTION: Cristina Baccin

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